segunda-feira, 18 de março de 2013

Avanzaremos


No es la primera (ni será la última) vez que los estudiantes llegan al final de su aventura académica descubriendo que aquellos que debieron ser sus tutores y defensores, les dejan ignominiosamente en la estacada. La palabra criminología ha supuesto un terrible estigma para sus estudiosos a la hora de enfrentarse a la realidad laboral. Aun contando entre sus filas con verdaderos talentos, los responsables de su promoción en la esfera pública y privada han desaprovechado a todas esas personas que han hecho de esta disciplina su presente y su futuro.
El Institut de Seguretat Pública de Catalunya planteó lanzar un Grado de Seguridad en Catalunya para cubrir aquellos espacios a los que los criminólogos y criminólogas aspiran. Diversas direcciones universitarias rechazaron la idea siendo coherentes en su discurso, salvo una, que considera bien obviar a los criminólogos y criminólogas que han formado durante años. Simple y llanamente. La reacción ha sido la lógica: más de 300 estudiantes y titulados expresarán su rechazo a tal implantación, diversas asociaciones (FACE, SEIC, ACC) expresan públicamente su rechazo y la comunidad criminológica se agita.

¿Cuál es el problema?

El problema es bien sencillo. Dicho Graduado posee en sus bases la mitad del plan de estudios criminológicos; la diferencia, que radica en el nombre, supone un serio revés a todas aquellas personas que optaron por la vocación frente a la estabilidad, a la pasión de hacer lo que de verdad nos gusta frente a lo que no nos gusta. La creación de un Grado de Seguridad supone un impresionante y desafortunado golpe de gracia a TODOS los estudiantes que asistieron al nacimiento de la Licenciatura y posteriormente al Grado en Criminología con la esperanza de ver sus aspiraciones académicas normalizadas y equiparadas al resto de estudios. Se trata de un golpe de gracia a una profesión no solamente marginada, sino atacada por colectivos a los que no les interesa en absoluto que un criminólogo exista. Al menos, no el criminólogo de carne y hueso, alejado de la parrilla televisiva.
El nacimiento de un Grado en Seguridad avalado por estamentos públicos tras años y años de lucha por el reconocimiento de la Criminología es, cuanto menos, un ejercicio de cinismo y, cuanto más, una estafa a gran escala.

¿No te estarás pasando con eso de estafa?

En absoluto. Las universidades muestran entre las salidas profesionales del criminólogo todas aquellas para las que la esfera pública no cuenta, precisamente, con él, ergo se miente. Parafraseando a Jose Manuel Servera, en Cataluña (y quién sabe si en el resto de España) el criminólogo ni está, ni se le espera.

Pero criminología y seguridad no son lo mismo, ¿No?

La seguridad es una disciplina que, combinada con la criminología, une dos conceptos de forma útil y efectiva. Hace muy poco tiempo asistimos, en el gran circo de las ofertas formativas de tercer ciclo, al nacimiento de un Máster en seguridad cuyo nombre o título no pienso publicitar. Se pretendió vender esta opción formativa como la mejor opción para “competir” con este nuevo Grado en Seguridad. El criminólogo que desee especializarse en la seguridad integral encontraría en esa clase de oferta formativa el complemento ideal para alcanzar la experticia en un campo concreto.

Bueno… un máster de gran calidad podría ser el buen camino.

Podría, sí, y por dos razones:
  • Aumentaría ostensiblemente el abanico de salidas laborales del criminólogo.
  • Un buen estudio de tercer ciclo gozaría de gran acogida; la especialización es la que otorga valor añadido al profesional, lo que le acerca a la realidad laboral en la que desee destacar.

Lamento e indignación, pero no miedo

Lamento profundamente que los encargados de velar por la criminología, los que lograron su asiento en la seguridad de un empleo y una respetabilidad virtualmente prístina, hayan fracasado en su labor ética y moral de dignificar a quienes deben algo. Han fallado:
  • Han fallado a los estudiantes, que depositan en ellos sus esperanzas de encontrarse un lugar justo donde se conozca la labor del criminólogo.
  • Han fallado al tejido empresarial del país, que desconoce una figura respetada y valorada por sus conocimientos y saber hacer.
  • Han fallado al conjunto de la sociedad, que se merece a los criminólogos, por todo aquello que pueden (y deben) hacer para protegerla.
No es este el espacio donde deba “vender” al criminólogo, pero sí para decir que no es miedo lo que me empuja a redactar esto. No temo ese atropello porque entre los nuestros hay las personas más brillantes, y porque es un hecho que avanzaremos. Nuestros proyectos tendrán éxito porque son de gran calidad y utilidad para el conjunto de la sociedad, y porque su proyección internacional está garantizada. Trabajo codo con codo con criminólogos y criminólogas de intachable talento e inteligencia, un par de ellos redactores en Criminología y Justicia. Sobresaldremos porque estamos preparados. Me alegra profundamente aseverar que mis compañeros son una verdadera fuente de excelencia, y ello repercute positivamente en las instituciones que nos han formado.
Por ello digo que no es el miedo lo que nos ha airado, sino la injusticia. Así pues, este debiera ser un mensaje a los que plantean y pretenden implantar dicho Grado en Seguridad: no es solamente lo que perderán, sino a quiénes. Suya es la oportunidad de hacer bien las cosas y de renovar la confianza que la sociedad deposita en las universidades. Pueden tomar una decisión pragmática y lo que es mejor, correcta.
Pero dense prisa, porque nosotros, inexorablemente, avanzaremos.

Criminología y Justicia Posted: 17 Mar 2013

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